miércoles, mayo 23, 2007

La Mujer de al Lado


La Femme d’a Côte
Dir. F. Truffaut
Francia 1981

Los Coudray tienen nuevos vecinos. Quien le iba a decir a Bernard Coudray que la mujer del nuevo vecino sería la mujer con la que tuvo una pasional pero también nefasta relación en el pasado. Aunque convencidos de las razones por las que se separaron, se lanzarán a la aventura al margen de sus matrimonios.


* El tiempo lo cura todo. Así al menos quería pensar también Bernard. Pero el tiempo que hurtamos al destino no es nuestro, y no tiene el poder terapéutico de ese otro, el que dice curar.
Bernard no sabía realmente a que tiempo estaba apelando, pero el tiempo que se ocupaba de él no tenía pretensión curativa ninguna; nada de esa intención sanadora que se le suele atribuir. Tiempo cruel, que tras jugar 8 años con el sosiego de una persona decide que se ha cansado, dar la broma por concluida, y el juego por perdido para todo el mundo. Porque no bastándole con golpear a uno, sus bandazos deben derribar a los más posibles. Por ello, para variar, decidió hacer participes del juego a inocentes como Philippe, Arlette, o Thomas, el hijo de Bernard y Arlette; hijo de una farsa; hijo de aquello de “el tiempo lo cura todo”; hijo de una huida desesperada.

* Buena dosis de amor desesperante y desesperado. Nos falta tiempo para pasar de la incomodidad fruto de un encuentro casual y desafortunado a la desesperación más febril y fatídica. Pero nosotros vamos con retraso, porque a los protagonistas el golpe brutal se les asesta desde un primer momento. El pasado se les presenta arrollador; sin tiempo para asimilar nada, intentan seguir el ritmo de la sacudida que de parte de este acaban de recibir para que no los barra. No la pueden esquivar; no pueden hacerle frente; la fortuna se ríe de ellos, y a ellos no les queda más remedio que reír también, aunque sea con estertores nada halagüeños. Sin entrar en explicaciones sobre su pasado, en un estado de cierta confusión, podría chocarnos la irresistible atracción que se da entre los protagonistas. No es una alocada atracción fruto del momento, pues el momento es el término de un proceso solapado que se ha ido gestando durante años, o el estímulo que actúa sobre los rescoldos inextinguibles de una relación especial, haciendo aflorar el recuerdo de forma despótica.

* Dicen que el enamoramiento es un estado fisiológico que no dura más allá de los 3 años máxime. Para Truffaut dura mínimo 8. Claro que aquí no tenemos el enamoramiento de la parejita que levita, sino una especie de certeza destructora sobre la singularidad de la otra persona, y un deseo irreductible y fatal a participar plenamente de esa singularidad, o al menos, eso se deduce de la forma en que se perciben los protagonistas mutuamente. Para ese plazo de expiración del amor y la atracción se supone que se requiere el contacto continuo. En esta historia no tenemos eso, pero parece que durante todo ese tiempo los protagonistas no han tenido otra cosa en la cabeza que la vecindad de esa persona de su pasado. En este caso podríamos pensar que ciertas cosas si deberían caducar, porque los protagonistas eligieron la paz y la estabilidad estancada a una intensa y caótica vida de amor martirizado, y todo para erigir un absurdo de años. Mejor rendir pleitesía al funesto hado cuando su fuerza es incontestable y está íntimamente ligado a nuestra naturaleza. Lo que ocurre es que nadie sabe lo que le deparará el futuro, y se tiende a confiar en él.

* A las primeras de cambio la frase “ni contigo ni sin ti” parece rotular a fuego la pasión que nos pintan. Por fortuna no nos encontramos ante un vaivén insulso y sin sentido, o ante un toma y daca al que no tomamos el pulso por la insipidez del retrato. Cuando vislumbramos un poco de la forma de ser de los personajes, y un poco de su pasado, entonces las sacudidas que sufre la relación, y que le otorgan fatídicos tonos, cobra una significación aplastante; sacudidas fruto del enfrentamiento entre la pasión y la particularidad que nos atrae en el otro con la certeza de las nítidas razones que provocaron la separación. Y repito que al menos yo capto la dimensión de esa fatídica relación sin que explícitamente la película me ponga en situación. Así, supongo que habrá que agradecer esto a unos inmensos Gerard Depardieu y Fanny Ardant, dando vida al inestable y exaltado Bernard y a la romántica y misteriosa Mathilde.

* El personaje de Madame Odile, magnífico también, es otro ejemplo de que el tiempo solo cura cuando le viene en gana, que a veces nuestros esfuerzos por olvidar son inútiles, y además, suponen una eterna lucha contra nosotros mismos. No se trata de ser de determinada manera para estar menos abocado a esa maldición, la que nos hace incapaces de pasar página; quizá haya gente más proclive a poder olvidar, pero los tres personajes puntales que indico arriba parecen lo suficientemente alejados entre ellos por sus constituciones que nadie parece estar realmente libre de, algún día, acabar cargando con una losa. Porque cuando esa página a pasar pesa demasiado, como indica Matilde, y ni con ayuda lo conseguimos, una auténtica losa es.

* La película tiene un tremendo final, que quizá no se vea venir del todo, pero que llega henchido de horrible lucidez.

2 comentarios:

Daniel Quinn dijo...

Volvemos a estar totalmente de acuerdo. Una de mis favoritas de la última etapa de Truffaut, que me pareció una versión más madura, escéptica y desesperada de la también fantástica "La piel suave".
Por cierto, creo que la pusieron en la 2 el pasado domingo a las 4 de la mañana en el amplio ciclo de Truffaut que no sé si habrá acabado. La verdad es que las películas han estado muy bien elegidas, pero la hora de emisión me parece una vergüenza. ¿Qué afición pretenden crear de esa manera? ¿O sólo pretenden rellenar el cupo cultural de cualquier manera?
Un saludo!

IRIAN-HALLSTATT dijo...

Buenas daniel quinn. Pues precisamente tenías juntitas “La Mujer de al Lado” con “La Piel Suave”, la cual no he visto pero me has animado a ello.
De lo del ciclo de Truffaut en La 2 nada sabía. Antes me daba por mirar el teletexto o la prensa para ver si caía alguna película decente en la programación. Ya ni eso. Definitivamente perdí mi fe en lo que la tv pueda ofrecer.
Voló el programa del Garci; el otro día me dijeron que han quitado también “Off Cinema”,… si es que obligan a uno lanzarse a lo delictivo para conseguir buen cine.

¡Saludos!