miércoles, mayo 09, 2007

Gertrud

Dir. C. T. Dreyer
Dinamarca 1964

“La única forma de vida es amar”.

* Para Gertrud el amor lo es y será todo. No imagina otra forma de ser y vivir que amando. Además no concibe que otras formas de afecto o inclinación puedan ser consideradas como amor, solo aquel que nos arrebata en el pensamiento de nuestra pareja. El amor que embarga y esclaviza a Gertrud, la concepción que de tal sentimiento tiene, la condena inexorablemente: es un amor demasiado ideal, ofuscado, así como egoísta y despótico, que cree bastarse a si mismo, pero que de continuo ha de batirse en retirada ante los desplantes de la cruda realidad.
Gertrud busca a alguien que sienta el amor como ella. Cree incluso poder contagiar a los demás su ideal de vida, pero no deja de enfrentarse al hecho de que pocas personas hay que se entreguen a esos sentimientos de forma tan integral y absoluta, y así, una y otra vez, nuestra protagonista cae presa del desengaño. No solo la realidad la desilusiona; vive engañada por ella misma.Y si Gertrud hallase otro lacayo del amor pleno y obsesivo, otro ser al que el cruel mundo haya hecho solo para amar, se encontraría igualmente en tierra de nadie, condenada sin remedio, porque nada asegura la reciprocidad de sentimientos, ni la perpetuidad de estos, y sumado a la impetuosidad de la que Gertrud hace gala, se encontraría una y otra vez ante la imposibilidad de dar con aquello que busca: una relación espiritual, donde tan exaltados y ciegos sentimientos se fundan generando una sola alma. Gertrud es una soñadora patológica, y feliz en ello.

* Dreyer nos presenta el amor vehemente personificado de forma casi obscena en la figura de Gertrud. Contrapone este a otras formas de amar, sustentadas por el resto de los protagonistas de la vida de Gertrud, hombres que tienen o han tenido relación sentimental con ella.
Cada una de las diferentes historias nos muestra el conflicto desatado por el ideal del amor que tiene la protagonista; conflicto con esas otras formas de amar que ella no tolera y desprecia. En algunos casos, esa ofuscación provoca un daño irreparable, incongruentemente derivado de un amor en apariencia tan puro. Es el caso de Lidman, que la amaba tanto como ella a él, pero que tuvo la desgracia de no ser capaz de volcar toda su vida en ese amor, en Gertrud, y fue excluido de él. El amor de Gertrud, para ser tan seráfico, es también ferozmente despiadado.

El abatimiento brutal que evidencia Lidman, pese al hieratismo general de la película, es abrumador, y la escena en que ella rememora como acabó su relación, salvaje. El retrato de una forma de amar tan denodada, pero tan cruel a la vez, es imponente. Pero ese amor avasallador no solo expone a rudos golpes a sus amantes, sino que ella también se arriesga a ser maltratada por su propia forma de ser, pues su amor no le sirve de escudo, como ella a veces parece creer. Como vemos en el caso de Jansson, el joven compositor calavera, nada tienen que envidiar los terribles golpes asestados a los demás por una Gertrud que da y quita su amor de forma espantosa, a las heridas que ella misma recibe.

* La película es monolítica. Está articulada sobre unas pocas y extensas secuencias, de un estatismo fascinante, donde los protagonistas, en la órbita de Gertrud, junto con ella, perdidas las miradas en el infinito de sus sentimientos y su mundo interior, nos desvelan aquellos y este al desnudo. Lo pétreo de la imagen y de la representación de los personajes, esa aparente y casi inquebrantable frialdad, creo que se adapta a la actitud y sentimientos de cada uno. Es increíble como Dreyer usa el mismo registro con todos sus personajes sin que sea menoscabo para que cada uno se exprese tal cual es y tal cual siente. No hay actitud, emoción, o pensamiento, que quede mal reflejado por la forma certera en que Dreyer decidió proyectar cada escena de su película. El registro interpretativo es impactante, y su supuesta serenidad nos facilita captar el flujo que desde el corazón de los personajes nos llega, sin que encuentre obstáculo alguno en su camino; además de ayudarnos a elaborar por nosotros mismos lo que se nos transmite.

5 comentarios:

troncha dijo...

Todo en Dreyer es sutileza y armonía, nada desentona, nada es hilarante, no hay ni un solo detalle que rechine, en ningún momento, si algo está ahí es por algo, tiene su cometido, es un director de la realidad, nos muestra en la cámara todo de la forma más natural posible, y sobre todo de una forma armoniosa, parece tan sencillo que a veces podríamos pensar que cualquiera sería capaz de hacer cine.

Lei UNA VEZ, que el propio Dreyer era consciente de la larguísima longitud de sus escenas y que estas podrían llegar a "hipnotizar" al espectador, sacándole incluso de la trama, pues bien él era partidario de añadir un movimiento que rompiera ese estatismo del que hablas, para que no perdieramos la atención, de ahí que en algunas escenas haya personajes que sin más se levanten de un sitio, para tan solo ir a sentarse justo al lado contrario y volver de nuevo a esa especie de actitud contemplativa.

IRIAN-HALLSTATT dijo...

Hola troncha. Pues no tenia ni idea de que esos cambios de posición de los personajes, que parecen no venir a cuento, fuesen un recurso de Dreyer para “desensimismar” al espectador. Y es cierto, con Dreyer parece que hacer cine sea cosa de coger una cámara y darle al “play”, pero creo que no solo este tipo tenía un conocimiento brutal del lenguaje de la imagen, sino una capacidad salvaje para penetrar la psicología humana, y la destreza de filmarla.

troncha dijo...

Curioso pero acaban de invitarme a ir en Noviembre al festival de cine fantástico de Málaga, que curiosa es la vida a veces... jejejeje

Daniel Quinn dijo...

Totalmente de acuerdo con lo que dices. Una absoluta joya de película que, sin embargo, no está tan unánimemente considerada como Ordet :(

IRIAN-HALLSTATT dijo...

Buenas daniel quinn. Para mi son joyas todas las películas de Dreyer que he visto; es mi director favorito. Pero nunca me cuesta admitir que también de mi parte “Ordet” es la joya de la corona. También prefiero “La Pasión de Juana de Arco” a “Gertrud”. Y te paras a pensar, y jo, es que este tipo es responsable asimismo de “Mikael”, “Vampyr”, “Dies Irae”,… No creo que haya director con una filmografía que me haya impactado tanto.

Saludos.