domingo, marzo 11, 2007

Las Horas

The Hours
Dir. Stephen Daldry

EEUU / Reino Unido

La situación que vivía Virginia Woolf mientras escribía su novela “La Señora Dalloway”, y la propia novela, conecta a la autora con varias personas en diferentes épocas.



* “Las Horas” es sutilmente demoledora. Sus apagadas tonalidades, su cadencia, su hipnótica música, que ahora que caigo me recuerda a la que Philip Glass hizo para “La Bella y la Bestia” de Cocteau, te atrapan desde el primer instante en ese río que nos presentan las primeras imágenes. En unos minutos puedes ya sentir el atroz aislamiento emocional de los protagonistas, su soledad lapidaria, transmitida a la perfección por unos encuadres que bloquean totalmente en el vacío de su entorno a los personajes. En apariencia todos parecen personas normales en ambientes cotidianos y familiares, de los que nadie podría tener queja. Pero precisamente, sin que queja alguna salga de sus labios, sabemos que son criaturas extrañas al contexto en que se mueven (o en el que no se mueven, y por ello esencialmente); que algo en su interior, profundo, desgarrador, amenazante, contenido merced a una fuerza sobrehumana, pugna por salir, y que se alía al tono gris y oscuro de todo el film para generar un clima enrarecido y angustioso, y la certidumbre de que sentimientos tan fuertes, tan fuertemente reprimidos, no pueden aflorar por cauces normales.
Las imágenes de las tres protagonistas despertándose a la vez son magníficas: se levantan del lecho de un río donde cada noche duermen para, día tras día, sumirse en la corriente, abocadas a un destino incuestionable, y temiendo que cualquier intento de salirse del curso no haga sino alimentar el dolor sordo que late en ellas, que las cerca, haciéndolas insensibles incluso al amor y afecto indudable de quienes las rodean. En dos de las tres historias las protagonistas parecen haber encontrado cierta tabla de salvación en otras personas. Pero han ido a agarrarse al asidero más resbaladizo, y el miedo a desprenderse de él, pues la pérdida parece evidente, las sume en la desesperación más paralizante, en la que solo se vislumbra una salida.
Volviendo a la metáfora del río, vemos que algunos personajes, aquellos que no parecen encontrar el equilibrio necesario para llegar con buen pie a ninguna parte, como cantos rodados, parecen arrastrar consigo a los demás. Vemos como el dolor del personaje de Laura Brown (Julianne Moore), antes y después de eclosionar, afecta y golpea en cadena a otras personas, desde su hijo, cuyas heridas salpicarán a otras personas a su vez.


* Mi “episodio” favorito es quizá el interpretado por Meryl Streep y Ed Harris, ambos inmensos en este film. Tiene esta historia unos diálogos abrumadores. De la historia de Laura Brown me quedo con el personaje interpretado por Julianne Moore, doliente, aniquilado y brutalmente sometido; Julianne Moore estrangula con cada una de sus abismales miradas. La ceguera y el risueño egoísmo de su marido no tienen desperdicio, intentando hacer a todos partícipes de su “idea de lo que es la felicidad”, o algo así.
Del episodio de Virginia Woolf me quedo con su absorbente y tétrica atmósfera, y con la visión de la protagonista de su propia situación.

* Me parece muy original como se enlazan prácticamente las tres historias. Virginia Woolf conecta con Laura Brown a través de su novela y de la similar situación que viven ambas; aunque no me queda clara la forma en que la novela puede estar influyendo en Laura en su agonía. La novela conecta también a Laura Brown con Clarissa Vaughan, a la que el hijo de Laura llama Señora Dalloway, y cuya historia es “in extremis” la del libro, sobre cuyo hilo argumental pasa con pies alados. Emocionalmente la situación de Laura se perpetúa en su hijo, y tiene puntos en común también con la de Clarissa.

* Aplaudo también el hecho de que al plantear el film no se haya optado por lanzarse a la mera adaptación de alguna de las novelas de Woolf, tortuosa empresa dado el intrincado impresionismo de la literatura de esta mujer. No se que cineasta podría plasmar el monólogo interior y el flujo sensitivo que suponen sus obras. Virginia Woolf es uno de esos autores, como James, Kafka, Lovecraft, cuyas obras siguen resistiéndose a la revisión cinematográfica. “Orlando” de Sally Potter, o “Mrs. Dalloway” de Marleen Gorris, se dejan ver, pero no son más que superficiales imágenes. “Las Horas” supone un digno e inteligente, sobre todo inteligente, acercamiento cinematográfico a algunas de las constantes de la obra de Woolf, en cuanto a personajes, obsesiones, visiones vitales,… Si no se puede abarcar y penetrar la mente de Virginia Woolf en sus libros, si se la puede homenajear en el cine desde la modestia, y encima sacarte de la manga una película, que a mi me deja sin aliento, como pocas en lo que llevamos de milenio. Y otra cosa agradable: contaditas las disgresiones literarias en el film.

sábado, marzo 03, 2007

La Vida de los Otros

Das Leben der Anderen
Dir. Florian Henckel
Alemania 2006

Un agente de la Stasi, la policía secreta de la RDA, es asignado a la vigilancia de un dramaturgo y de su pareja. Toda su frialdad y su dedicación a “la causa” se tambalearán cuando comience a sentirse implicado en las vidas que está removiendo.



* Florian Henckel retrata la separación a todos los niveles. Andamos a zancadas sobre el Muro de Berlín, sobre todo el telón de acero. Se nos encierra en una bóveda que es el régimen socialista de la antigua RDA, donde no brillan estrellas, sino los cargos del partido, una supraestructura incomprensible e inalcanzable que marca una relación unidireccional con el pueblo, y que a fuerza de una monstruosa y corrupta atracción separa a los individuos unos de otros, señalando el lugar que cada cual debe ocupar, haciendo
palanca en sus relaciones, interfiriendo, eliminando toda posibilidad de un acercamiento franco entre personas. La película es de una emoción contenida bestial, que envuelve en música y cámara lenta cualquier pasaje mínimamente efusivo. Los abismos creados entre los personajes están poblados de corrientes emocionales, sentimentales e idealistas, frustradas y estériles, porque esas fuerzas que acercan a los personajes son contrarrestadas por una magnética fuerza mayor que es el omnipresente régimen, y el miedo que infecta. Esta tirantez que explota el film me mantuvo en vilo y tensión hasta el final, a lo que sumar un desarrollo de acontecimientos que te van acorralando como acorralan a los personajes, hostigando hasta un estallido final, que se va anticipando de una u otra manera, pero que intentamos sortear.

* La frialdad forzada y emoción contenida son tremendas, y me parece genial el componente humano que, a hurtadillas, se va haciendo hueco en la historia a medida que avanza, añadiendo más tensión al asunto. La recta final es formidable y muy emotiva, seguro que hasta a algunos se les escapó alguna lagrimilla, cosa que tiene mérito, teniendo en cuenta la sobriedad de la propuesta. Impactante y sublime me han parecido multitud de escenas, así como el trabajo cargado de fuerza de los protagonistas; pero paso de indicar escenas ni dar nombres.

* Todos destacaremos como la película retrata la salvaje maquinaria del régimen, y sus enconados esfuerzos, asombrosamente maquiavélicos, por mantenerse en pie; la razón al servicio de un progreso imposible, que solo alimenta la ponzoña del estancamiento, y un statu-quo que nada promete. Todo el mundo en la sala de cine acababa profiriendo algo ante los métodos inquisitoriales de la Stasi: “por favor, déjenme dormir”, cosas así, y las sutiles estratagemas para desenmascarar enemigos del socialismo. Lo de privar a los artistas de posibilidad de expresión alguna (con ese diabólico manual) para aniquilar su alma es algo que a mi personalmente me produjo verdaderos escalofríos. Ni el más ínfimo obrero tiene libertad relativa para pensar y sentir (véase la escena del niño en el ascensor); la que tengan intelectuales y artistas, más dados a expresar y actuar, es nula, y su privación más cruel y dolorosa.
Esa impotencia de verse atado de pies y manos es uno de los elementos que viene a interponerse en las relaciones humanas, pues nadie es libre para relacionarse con los demás sin ser fiel a si mismo, y si, como consigue el régimen establecido, ha de estar siempre preguntándose si puede confiar en el otro, sin percibir en el otro cierta digna y relativa integridad, o temiendo que la otra persona esté en peligro por lo que nosotros digamos, hagamos, o incluso pensemos. La película me transmite todo esto de forma intachable en las relaciones que los protagonistas mantienen con su pareja, amigos y allegados.


* Son reconfortantes las concesiones humanas que hace el film, el permitir que esas corrientes sentimentales acaben dando con una presa entre tan desolador paisaje, atribuyéndoles la capacidad de, mediante su calor, romper, descongelar, alguna de las infinitas e insondables fibras tentaculares que tejen los repugnantes regímenes totalitarios. Me refiero al agente de la Stasi, que poco a poco se da cuenta de que tiene un alma cuando su corazón comienza a latir al ritmo del de las personas que debe vigilar. Se apropia de sus vidas, pero no ya para destruirlas, sino haciéndolas suyas. Ahora debe protegerlas, pues a través de estas personas está experimentando algo de lo que otros lograron privarle. Nos convertimos en personas ante el espejo que son los demás, cara a cara, y no ante idearios, esquemas o doctrinas que ensalcen.

* Posiblemente la película que más me ha impresionado en muchos meses, de las que he ido a ver al cine. Tiene un carácter y una fuerza sobrecogedores, y creo que su director tiene 30 añitos. Habrá que estar atento a sus nuevos envites.

The Happiness of the Katakuris

Katakuri-ke no kôfuku
Dir. Takashi Miike
Japón 2001

Los Katakuris llevan mucho tiempo esperando que algún huésped les haga el honor de visitar su pensión campestre. El padre ha invertido mucho, sobre todo ilusiones, en el proyecto, y le corroe la pena de ver lo solitario del panorama. Pero más desolador será ver como los primeros huéspedes, de lo más raritos, van cayendo todos muertos en extrañas circunstancias. Ahora la familia deberá hacer frente común para que las ilusiones que habían alimentado no se vayan a pique.

Otro ataque sorpresivo de Miike. Otra desenfrenada y alocada propuesta, chispeante y mágica poción que, al menos durante lo que dura la película, te da un subidón total.
Las idas de olla de Miike son increíbles y meritorias. Parece que mientras su hemisferio izquierdo anda patas arriba y delirante, el derecho intente casar los desvaríos de su vecino, dar forma y elaborar el producto. Porque no basta con la imaginación desbordada, con el plantar aquí y allá lo primero que se nos pasa por la cabeza; no aguantaríamos 5 minutos ante a pantalla. Hay que conocer las reglas para luego romperlas sin que el tirón nos sacuda en pleno rostro. O mucho me equivoco, o así trabaja este tipo, haciéndole creer a su delirio que es libre, que no hay lugar donde no pueda llegar, pero llevándolo por donde finalmente él quiere.
La historia de “The Happiness of the Katakuris” es lo de menos, lo importante es como me la cuentan; así debe ser. Las histriónicas y esperpénticas interpretaciones, los cochambrosos números musicales, y las escenas que no consigo ubicar y no vienen a cuento, han de venir equipadas con un oculto mecanismo que las conecta directamente con mi subconsciente, si no, no me explico como he permanecido embobado hasta el final de este extraño monstruo (en el buen sentido). Creo que es su humor sin riendas y su dinamismo y vitalidad apabullantes, Miike jugando con todo lo manipulable, lo que tiende tres hilitos: uno para anudar mi atención e interés, y otros dos para tirar de la comisura de mis labios, para atraerme a base de sonrisas y un perpetuo preguntar “¿Cómo lo consigue?”.
Miike debe dirigir y proyectar como los niños juegan, por pura y dura motivación intrínseca, y si te implicas en su juego, flipas. Divertimento y desfase, sin ataduras pero controlado. La capacidad que otros querrían tener y compensan poniendo a parir a este señor.

martes, febrero 27, 2007

Qiu Ju, Una Mujer China


Qiu Ju da guan si
Dir. Zhang Yimou
China / Hong Kong 1992


Qiu Ju, tras la agresión que sufre su marido por parte del alcalde de su pueblo, comienza a acudir a las autoridades en busca de justicia. Como las resoluciones de dichas autoridades no se ajustan a su concepción de justicia, y el alcalde no esta tampoco dispuesto a ceder, Qiu Ju se dirige cada vez a estamentos superiores, llevándole su insistencia a recorrer casi todo el país.

* Otro impresionante homenaje de Yimou a la mujer china como motor social y transformador, como detentadora de valores, y como pilar básico del futuro de su país. Aquí no tenemos a la Gong Li “al borde de un ataque de nervios” de “La Linterna Roja” o “Semilla de Crisantemo”, sino más bien a la heroína que Yimou, por ejemplo, presentaba en “Ni Uno Menos”; la mujer enfrascada en una misión o gesta personal.
De hecho, en otros aspectos, “Qiu Ju” también me ha recordado a “Ni Uno Menos”. Ambas, no solo comparten la denodada lucha de sus protagonistas, sino también la sencillez de la propuesta, y la falta de obsesión ornamental característica de otras películas de Yimou. En ambas películas, las protagonistas, intentando en principio resolver un problema personal, que parece ceñirse al ámbito del interés privado, acaban, sin proponérselo, poniendo su granito de arena a la transformación de los problemas de su país, y a su transformación social, luchando por erradicar uno de tantos males incrustados en la dinámica social, política o económica de su tierra. Mientras, la gran mayoría del resto de personajes se complacen, pasivos y conformistas, con la situación y condiciones establecidas, desentendiéndose, por pereza, orgullo, miedo, o cualquier otra pobre causa, de la labor de aquellos que, a su manera, con sus actos y actitudes, suponen un revulsivo.

* En “Qiu Ju”, Yimou inserta a sus personajes en contextos sencillos y humanos, con muchas escenas filmadas entre el ajetreo y la actividad de las ciudades y pueblos chinos, cosa que me ha encantado. Aparte de mostrarte ciertos aspectos del día a día de ese país, consigue de esta forma dar mayor envergadura a la figura de su protagonista, que lleva su tenacidad y fuerza de voluntad a través de la cotidianeidad de su pueblo, y no a través de deslumbrantes decorados que propicien una visión heroica del personaje. Pero es que la odisea de Qiu Ju es casi épica, luchando con constancia y una apabullante serenidad contra todo un sinfín de obstáculos que van surgiendo en su camino, de parte de las autoridades, de su familia, de su desconocimiento de la vida urbana y moderna,… ¡Y se lanza a tal gesta porque su alcalde ha propinado una patada en sus partes a su marido! Dicho así puede parecer chistoso, pero cuando la cuestión se convierte en asunto de honor, orgullo y justicia, es increíble ver como la protagonista parece ser la única persona del mundo que, ignorando el camino fácil, que al final siempre es el más vil e inútil, siendo la indiferencia, el olvido, y la falsa reconciliación, sigue defendiendo sus ideales y su concepto de justicia, dispuesta a llevar su lucha hasta las últimas consecuencias, y apelando siempre a los estamentos establecidos y lícitos, sin tomarse la justicia por su mano, a lo que muchos recurrirían, pese a que dichos estamentos no parecen estar muy por la labor de ejercer una verdadera justicia, aquejados de un mal generalizado. Es alucinante ver a su personaje, embarazada y torpona, recorriendo todo ese inmenso país, enfrentándose a unas gentes y una realidad alejadas de las de su pueblecito, y afrontando con firmeza y un temple asombroso todos los obstáculos con que se topa.


* Un personaje impresionante y una historia insólitamente hermosa, conmovedora y épica.

sábado, febrero 17, 2007

The Cement Garden

Dir. Andrew Birkin
Reino Unido / Francia / Alemania 1993







En un suburbio londinense cuatro hermanos quedan huérfanos. Ante el temor de ser separados por esta condición, deciden ocultar el cuerpo de su madre en el sótano, e intentar recomponer la familia y el hogar, tarea difícil y escabrosa en manos de unos niños y adolescentes.




* La película puede parecer perversa, sórdida y malsana. Mucha gente habrá a la que le resulte desagradable y poco grata, pero la situación de los protagonistas es la del animal herido que se revuelve en busca de la postura menos dolorosa, y retratar esto con delicadeza es difícil, y no hay porque hacerlo así. Pese a ser una historia que, para muchos, podrá ser de todo menos reconfortante, la forma en que se repliega el mundo de los protagonistas, aún inmaduro y en desarrollo, tras el golpe letal que sufre, no deja de ser fascinante, y la realidad que va configurándose es extrañamente bella e hipnótica.


* La película impacta desde el primer momento, cargando contra nosotros con un panorama gris, desolador y opresivo. El mundo que rodea a la familia se cae a pedazos, enfermo, y la propia familia parece estar contagiándose de la extraña enfermedad degenerativa que afecta a su entorno, física y psicológicamente. Parece que esta gente se pase el día mascando polvo, cegados por el gris ceniciento que les rodea, trastabillando entre escombros; pues todo lo que les rodea son ruinas, obras, escombros,… El triste jardín que el padre se empeña en plantar delante de la casa no resta un ápice de aspereza al conjunto.
Cuando la enfermedad del entorno se cuela impetuosa en su hogar, intentando arruinarlo, como arruinado está todo alrededor, los niños son los que arremeten contra la realidad que ha venido a usurparles su vida. Intenta sobrevivir como buenamente pueden, y mantener una suerte de equilibrio. Han perdido a sus padres, victimas de un mal insospechado, y ahora ellos deben sostener la familia, el hogar, solo que su concepción de continuidad y cohesión está deformada, no ha tenido tiempo de madurar por cauces normales, y sus esfuerzos resultan desadaptativos y patológicos. De entrada está el hecho de enterrar a su madre en el sótano, por miedo a que, al ser huérfanos, los separen. Y están las respuestas de cada uno de ellos: el pequeño, que se viste de mujer y juega a las casitas con un amigo, simulando ser sus padres o sus hermanos mayores, además de empeñarse en comportarse como un bebe, en un intento de disipar la devastadora realidad de la muerte de su madre; Sue, que baja al sótano para, junto al improvisado ataúd de su madre, comunicarse con esta a través de su diario; y Julie (una sensacional y joven Charlotte Gainsbourg), que busca una salida a la disgregación familiar fuera del hogar, pero a la espera de que su hermano mayor ponga de su parte, y todo pueda quedar en familia.




* Es realmente perturbador observar el absolutamente retorcido proceso madurativo que sufre Jack desde la muerte de su madre, y como este era el único elemento que faltaba para rubricar el particular nuevo estatus. Como a esa maduración ayuda el libro que Jack no suelta en toda la película es una idea que me ha gustado: como el libro le ayuda a plantearse cosas, mas que impulsarlo a nada.
La película consigue por intrincados e insondables vericuetos dar la sensación de que la unidad y el equilibrio que los protagonistas acaban consiguiendo es del todo coherente y lícito, hermoso en su sustancial desviación y en el hipnótico e irreal mundo que acaban forjando. Da la sensación de que los protagonistas hayan sido sentenciados, exiliados a una suerte de purgatorio donde quedan relegadas las normas y convenciones de nuestro mundo, donde bien está lo que bien acaba, y donde los condenados y penitentes pueden buscar su felicidad donde buenamente la hallen. La película crea el mundo perfecto para tolerar la desviación, no siendo apta para melindrosos.

viernes, febrero 16, 2007

One Fine Spring Day


Bomnaleun Ganda
Dir. Jin-ho Hur
Corea del Sur / Hong Kong / Japón 2001

Sang-woo y Eun-su se han conocido a través de su trabajo. Inician una relación amorosa que parece hacer felices a ambos, pero, aunque esto sea así, los planes y aspiraciones de cada uno no parecen encajar con los del otro.





* Llegué a “One Fine Spring Day” tras ver “Christmas in August”, de su mismo director y más conocida que esta. La segunda parece haberse colado entre los clásicos del nuevo cine romántico coreano, pero a mí personalmente, me gusta más “One Fine Spring Day”. Su planteamiento es sencillo. Historias sobre relaciones amorosas que se van al traste las hemos visto a miles, de forma que estas historias suelen ser sazonadas con todo tipo de vituallas (algunas risas, lágrimas, giros inesperados, algún desnudillo,…) para que el resultado no quede muy soso. Pero la verdad es que con un poco de comprensión hacia los personajes a los que intentamos dotar de vida, catarsis, sensibilidad, y nutriendo nuestro trabajo de lo que la vida en si nos ofrece, no hay porque romperse la cabeza, la vista puesta en el recreo del potencial espectador, intentando arrebatar a la cotidianeidad nuestra historia y nuestros personajes. ¿Qué mejor que lo universal para conectar con el espectador? A unos se les va la mano desuniversalizando; otros vulgarizan y envilecen, y se les nota la desgana; y a otros, como Jin-ho Hur, se les nota la preocupación por lo que hacen.

* Quitando la historia de la abuela del protagonista, ejemplo amplificado de la situación que actualmente vive su nieto, en la película no hay más que contar que la relación de los protagonistas. Lo que me ha impresionado es la forma tan precisa de exponerla. El curso que sigue la relación está expuesto como si fuese una galería de nítidos cuadros, donde vemos sucederse las diferentes etapas y sub-etapas del proceso. Por una parte, el aspecto visual, vivaz y enérgico, ayuda a ver la película como sucesión de cuadros, de precisas y certeras miradas situacionales respecto a la relación. Por otra parte su ritmo pausado y sereno nos da una sensación de continuidad y flujo. Sea como sea, la película, sencilla y elegante, me parece un engranaje perfecto de pasajes, como ir de viaje en un tren: ninguna de las vistas o paisajes sobra, y cada parada o estación nos indica una etapa del camino, y un punto de inflexión. Cada escena e imagen tiene una misión y la cumple con rigor al servicio de la historia.
Se nos exponen todos los pormenores de la relación: conocimiento, acercamiento, aceptación, consumación, distanciamiento, ruptura y resignación, de manera perfecta. Es increíble que se exponga con tal precisión todo este proceso en 105 minutos, y no en 3-4 horas.

* Aparte de esta obra de ingeniería, la sensibilidad con que se trata la historia y los personajes me parece también ejemplar, sobre todo el personaje de Sang-woo, que es el que se lleva la peor parte.

* En una atmósfera plácida se nos presenta un amor en apariencia desinteresado, entre dos almas puras y candorosas. Un amor recíproco e ideal que parece hecho a medida, pues parecen estar hechos el uno para el otro, por muy tonto que suene. Amor que fluye inundando de efluvios el micromundo de los protagonistas, donde estos parecen estar flotando. Pero el menor movimiento brusco en esa primorosa danza que los mantiene en éxtasis viene a romper el espejismo, pues el etéreo y palpitante mundo henchido de amor que cree vivir Sang-woo no es más que eso, un espejismo.
A veces el comportamiento de quienes nos rodean es equívoco, y Sang-woo cometió el desliz de atribuir a Eun-su los mismos sentimientos que lo embargaban a él. El reconocimiento del error y la realidad es salvajemente demoledor, carga despiadadamente contra ese mundo ilusorio y deja al descubierto, disipados los vapores del amor, aspectos de la relación no tan puros y seráficos.
La volubilidad de las inclinaciones de Eun-su es lo de menos. Enseñará a Sang-woo a no ser tan cándido, le ahorrará sinsabores, pero también le privará de los placeres celestiales de la ilusión; puede dotarle de una nueva madurez, pero también convertirlo en un ser agazapado y a la defensiva que deje pasar oportunidades de ser feliz. Lo que me ha gustado es que la distancia que se va interponiendo entre los protagonistas no se expande fruto tan solo de la labor del tiempo y del desinterés de Eun-su, sino que se expresa a través de la transformación que esta última va sufriendo, en todos los aspectos, a ojos de un estremecido Sang-woo. A raíz de esto tenemos un montón de escenas realmente fabulosas, que además nos muestran esa otra cara de un amor que en principio nos pareció tan límpido. Del lado de Eun-su ese amor era capricho puntual, y del lado de Sang-woo era un sentimiento posesivo y sustentado en la necesidad y la dependencia. Sang-woo cree haber encontrado una criatura como él, y que como él, necesita ligarse a otra persona, sin la cual está desvalida (“me debe amar porque es débil, y a mi me viene que ni pintado”). Lo que ocurre es que las apariencias engañan.
Poco después de la ruptura Sang-woo ve como Eun-su ya no parece ella misma. Parece más independiente y desenvuelta, no está igual ni en su comportamiento ni en su apariencia externa. Ya no es la chica que le necesitaba, y eso lo abruma. El amor independiente que se hace dueño del espacio entre dos seres se va esfumando, dejando paso a uno basado en la incubación de dependencias. La escena en que Sang-woo ve como Eun-su ha aprendido a conducir y tiene coche propio es una sentencia en toda regla. Ruindad. El amor disipado de Eun-su y el posesivo y aprensivo de Sang-woo parecen igual de viles. La escena final me parece sublime; uno siente que algo verdaderamente se desgarra.