viernes, julio 10, 2009

Vivir

Huozhe
Dir. Zhang Yimou
China / Hong Kong 1994


* “VIVIR”, pero así, con mayúsculas, y no le pongo signos de exclamación porque quedaría un poco “publicitario”. Uno de los films donde a mi entender mejor se recoge un ideal vital, esta vez bastante común, pero transmitido con una fuerza avasalladora. Lo que es la vida, la visión de Yimou, entendida como un mar, a veces manso y apacible, tranquilo; otras veces vivaracho, surcado de excitación, vivencias y alegrías; puntualmente agitado, cuando no iracundo, catastrófico; y a menudo enfermo, deprimido, como cuando grandes manchas de petróleo lo amenazan con la de más corrupta degeneración. Así pinta la vida Yimou; no solo en esta película concreta, pero es en “Vivir” donde ha hecho el mejor y más intencional retrato, mostrándonos una saga familiar: la historia de cuatro generaciones expuestas unas veces a la dicha, otras a la desgracia, pero siempre avanzando, entre gozos o escollos, pero siempre hacia el frente, y siempre con ímpetu. La vida se abre paso.




La película podría bien haberse llamado “Después de la tormenta siempre viene la calma: una y otra vez”, y muchos verán ese discurso en este film, pero a mi me suena a actitud pasiva, cuando lo que Yimou refleja en esta historia y en sus personajes es una lucha: adaptación y lucha. Porque si no combates, ya has perdido, y si dejas pasar, las más de las veces pasará mal. Algunos verán un mensaje claramente positivo entra tanta adversidad como introduce Yimou, pero yo creo que más que optimismo, lo que se quiere contagiar son ganas de vivir, y de afanarse en el día a día, venga como venga.
He de decir que “Vivir” no estaba entre mis favoritas del “venidoamenos” director chino, y que mientras “Semilla de Crisantemo” o “La Linterna Roja” me dejaron patitieso, “Vivir” me dejó más bien indiferente. Pero un día, uno de esos días malos en que no se le ve sentido a nada, me acordé de ella, de que pese a la poca impresión que me causó en su día, tenía un no se que de reparador, y me planté de nuevo ante ella, mostrándome esta vez toda la dimensión de su mensaje restaurador (y más impresión me causará en próximos visionados). Sigue sin ser mi favorita absoluta de este director, pero como medicina para el espíritu es redonda, sin caer en diatribas filosóficas, optimismo barato, o escapismo de fantasía (cosas a las que de vez en cuando también acudo; a que negarlo).

Por otra parte, Yimou no deja de lado su crítica social, aunque quizá mitigada respecto a otros de sus films. Este está más centrado en el terreno personal, de las vivencias de sus personajes, no centrándose tan hegemónicamente en situaciones concretas, como en casi todas sus películas, ya que en esta intenta retratar casi una vida entera: creo que unos 30 años de historia familiar. Además de esto, a que obviarlo, ver una cinta donde aparezca Gong Li es siempre un placer, y en esta concretamente está la actriz extraordinaria, como el resto de actores, siendo destacable también la sutilidad con que se va avanzando en la historia de la propia china de esas décadas, asistiendo al tímido despertar de una china feudal, a una china muy modestamente urbana.
Como he dicho, una película para quienes quieran “resucitar”, a base de ánimo, no de postales, máximas, o fantasía.