
Da hong deng long gao gao gua
Dir. Zhang Yimou
Tras la muerte de su padre, Songlian no ve otra alternativa que casarse con un rico terrateniente de nombre Chen Zouqian. Es su elección, se resigna, pero ve humillante y atroz tener que llegara eso. Songlian tendrá que enfrentarse a su rabia contenida, a las demás esposas de Chen Zouqian, y al enfrentamiento que existe entre ellas por las solicitudes de su esposo, así como a todos los arcaísmos de la sociedad que le ha tocado vivir.
* Las películas que hasta el momento había visto de Yimou me habían mostrado a un director bienintencionado, que se recreaba en el candor y la nobleza de sus personajes, y muy preocupado por lo ornamental. Tras ver “Semilla de Crisantemo” y “
* En estas dos películas sigue siendo un aspecto crucial el visual, sensual, pero la dimensión dramática y la profundidad de sus personajes está amplificada, es más honda y comprometida. Yimou pone en entredicho los convencionalismos y la situación social de su país desde el retrato de épocas pasadas. Mete la idea en la cabeza del compatriota sin echar nada en cara; el análisis y la extrapolación a la situación actual son labores del espectador.
* Visualmente “
bellas, con los vagabundeos de dos de las protagonistas por esos tejados a modo de mundo aparte, bajo un cielo subyugante, en una atmósfera reconfortante, con esos tonos fríos y esos planos en que vemos a las protagonistas como solitarios criaturas habitantes de las alturas, como si se hubiesen posado allí. Nos envuelve el silencio, sentimos el rudo trato del piso bajo el
contacto de los pies de las protagonistas, el vigorizante aire puro que penetra hasta lo más hondo de nuestro ser. Nos ciega la luz y nos embate el viento; oímos el paso de las nubes. Perdemos la conciencia de que estamos en unos tejados, delimitados por el espacio que ocupa ese otro mundo raso del que queremos escapar; los tejados son lo más cerca que las protagonistas estarán de la libertad. No es solo la belleza del decorado, también es la importancia que tienen estas escenas para llegar a conectar con los personajes, y para dotarlos de alma; para retratar si situación. Yimou sitúa en sus tejados aquellos personajes más afines con lo elevado de sus miras y espíritu. Abajo tenemos un mundo sumido en la roja luz, vivaz y mortificante de las linternas, vejatorio y pobre indicio de la pobre deferencia del señor, y la cual pretenden aquellas que, dentro del micromundo fílmico de Yimou, no merecen otra cosa. Algunas de las protagonistas prefieren el blanco límbico del cielo sobre los tejados al rojo insultante y posesivo del “mundo de abajo”. Yimou ha hecho de la simple luz roja algo más imperioso y despótico, incapacitante, que las propias paredes del edificio. Songlian y Meishan solo se elevan al subir a los tejados. Una recibió una educación que le está vedada a la mayoría de mujeres chinas, y esta relativa amplitud de miras la eleva por
encima del estancado y sórdido mundo que pinta Yimou. Busca un resquicio de independencia y libertad en los tejados, el reducto que le brinda su nuevo hogar. Otra está en una situación similar, pero mejor adaptada al haber llegado antes. Ella era artista, cantante de ópera, inteligente y noble. Se ha buscado un relativo bienestar considerando lo triste de su actual situación, y se ha arriesgado a romper ciertas reglas, con el peligro que conlleva, para poder sobrellevar su presente. Todo ello, al igual que a Songlian, la eleva por encima de un mundo de encorsetadas costumbres y rancias prácticas. A ambas les cortaron las alas con las que se elevaban sobre ese universo tradicional, y sobre el destino reservado normalmente a la mujer. Pero ahora lo más cerca que están de volar es subirse al tejado, para dar rienda suelta a lo que llevan dentro, sin contaminarlo con la herrumbre del mundo que les imponen. Las escenas de los encuentros de ambas en las alturas, de Meishan cantando al cielo, son impresionantes. Cuando Songlian descubre la complicidad de su refugio con la vileza del mundo del que quiere evadirse, bueno, ya sabemos lo que pasa.
* Y que decir del retrato que hace Yimou de ese “mundo de abajo”, esa idea de las cuatro casas enfrentadas de las esposas, como si fuese una arena o un campo de batalla donde se aviva la despiadada lucha a cada nueva esposa que llega. Un campo de batalla donde los púgiles solo cobran una dimensión dentro de él, porque fuera de esa dinámica de enfrentamiento por la atención del señor esas mujeres no son más que mercancía social. Ni son nada, ni nada pueden
ser fuera de la nueva función que tienen. Y si dejando de aspirar a las atenciones del marido, buscan proyectarse fuera del ámbito conyugal, corren el riesgo de ser marginadas, o aún peor. La visión desesperante de ese mundo limitado y de inconmovibles reglas es brutal. Ver como el señor echa una nueva víctima en esa jaula y como es ajeno e insensible a ese enfrentamiento también lo es. Es lapidario que las esposas que no han tenido oportunidad de ver más allá del destino que les está reservado solo tengan la motivación de vencer en esa lucha por la deferencia conyugal en el espacio limitado por las estancias de la casa. Cuando se acaba el aire en esa burbuja, para las que ansían respirar, pasa lo que pasa. Esos planos en que vemos desde altura la abertura de ese patio central a partir del que se reparten las casas de las esposas me encanta, Yimou parece ofrecernos con él la visión de un pozo, que corrompe todo lo que cae en él, alentándonos a imaginar lo que sucede abajo. No sería aventurado decir que, en cierta forma, Yimou ve como enferma su tierra por la miasma emergente de los miles de pozos por el estilo que infectan su tierra, como chimeneas contaminantes.
* El retrato que Yimou ofrece de cada uno de los personajes es fabuloso. Yo destacaría, por no dejarlo de lado, el de la criadita, con la que el señor se propasa, que fantasea con ser una de las esposas, siendo sus fantaseos lo único que la sustrae de su realidad, y que no permanece ajena a la pugna de las esposas, pues estas la han mezclado en ella. No se si ella se presta a ello por miedo, o por creer que ganará las simpatías de alguna de las contendientes, haciendo así su vida más fácil, pero para nosotros su destino parece salvajemente claro.
* En fin; ya solo me queda lanzarme en pos del resto de la filmografía de Zhang Yimou.

















* El director nos propone un argumento fantástico donde enmarca una reflexión sobre la muerte, o más bien sobre la vida y los recuerdos; la muerte como un punto que nos obliga a volver la vista atrás, a llevar a cabo y hasta sus últimas consecuencias un examen de conciencia que nos negamos a hacer en vida. Como digo, esta idea la pone en juego a través de un argumento fantasioso, que roza lo estrambótico, cuando no se zambulle en él, pero dándole a todo un empaque de una formalidad y sobriedad casi documental; consigue proponer una estancia en la más fascinante oficina burocrática que veremos jamás.
* Pero Koreeda no se queda ahí, sino que se ha molestado en dotar de alma a sus protagonistas, en darle una trama al film y una historia a sus personajes, en conferir a su film una dimensión emotiva y humana con una sensibilidad y un tacto tremendos, y pese a ello sin dejar de lado su consabida sobriedad, no tan críptica como en “Nadie Sabe”, pero igualmente patente.
* Personajes como el de la viejecita recolectora de flores, o el del señor mayor que debe verse decenas de cintas de video sobre su vida para elegir un recuerdo, son de los que se quedan grabados, y se agradecen, así como infinidad de escenas: las entrevistas y ese tu-a-tu entre los funcionarios y los fallecidos, las escenas de los preparativos para recrear y filmar los recuerdos, … todo, todo emocionante de verdad.
* Pocas películas hay que conjuguen con tal maestría y pericia emoción, reflexión y experimentación. “After Life” es de una emotividad sangrante, humana y sensible, pese a ello sobria y contenida; fantasiosa y extraña, de solidez y coherencia aplastante.


* Se pone a los personajes en situaciones en que deben enfrentarse a su cara más vil y amarga, como ante un espejo trucado, y se les pide que reaccionen ante esta realidad de la que deben tomar conciencia, en lugar de ignorarla con la esperanza de que se extinga; pero siempre perdura; todo muy dinámico y psicoanalítico.
* La historia de “Caché” supone filmar la herida reabierta, una reproducción a escala de la referencia contenida en la película a la matanza de argelinos en Francia en los años 60. Haneke pide a sus personajes conciencia, madurez y responsabilidad, antes de que la “distorsionada” imagen que les devuelve el espejo ante el que los coloca se degrade aún más. Por esto en muchas ocasiones acaba poniendo Haneke en su objetivo a la pulcra familia burguesa, paradigma de rectitud y decoro social y moral, para que el contraste entre lo real e ideal sea mayor, para que el hedor sea más intenso y el malestar más profundo. Se reabren heridas y se hurga en ellas. Si los protagonistas no pueden tomar responsabilidad de sus actos, Haneke se convierte en instrumento del equilibrio cósmico… y arrasa con todo.
* La progresiva degradación y envilecimiento de la familia ideal con la que en principio simpatizamos, y de la que de entrada nos compadecemos; el vuelco drástico producido en nuestra valoración de los personajes; la pronta ausencia de asidero para nuestros juicios de valor, y el hecho de que, más que en ninguna otra de sus películas, siempre dentro de su plan, Haneke dinamite y mutile la narración, todo esto va creando una atmósfera espantosa y alarmante, que acorrala y asfixia, y que sin dar tregua, una vez inoculado el malestar brutal, nos empuja hacia un abismo interior, porque los personajes (lo mismito que nosotros) no saben enfrentarse a si mismos.