Okuribito
Dir. Yojiro Takita
Japón 2008
Cuando Daigo Kobayashi creía haber encontrado al fin una orquesta donde dar rienda suelta a su talento como violoncelista, la orquesta se disuelve. Otro despertar amargo para Daigo, que decide volver a su pueblo, a sus raíces, y probar suerte allí, donde quizá todo resulte menos áspero. Cuando encuentra un empleo, que tras alguna vacilación, parece estar hecho a su medida, y llenarlo personalmente, la desaprobación de su mujer lo coloca en un brete. Daigo decide seguir adelante.
* La última idea que se me vino a la cabeza mientras desfilaban ante mí los créditos finales era cuan fácilmente, en un plano inconsciente, me había trasmitido esta película la dimensión espiritual, trascendental y vivificante de la ceremonia nôkan (ritual funerario tradicional japonés), la cual es el eje del film, sin haber realmente entrado en detalle ninguno sobre sus orígenes o fundamentos, ya que son solo unas pocas escenas aquellas en que vemos a los protagonistas llevando a cabo el ritual, muchas de las cuales están desarrolladas de manera un tanto cómica. De hecho, el film va tratando sobre la marcha de varios temas, acometiéndolos de manera certera según avanza la película, en el momento justo de maduración del retrato de cada personaje, aunque se centre de manera casi exclusiva en Daigo Kobayashi, su protagonista.

* La película es un innegable drama, sobre un hombre que no acaba de encontrar su lugar en el mundo, que acarrea un importante lastre emocional (el abandono del padre; la muerte de la madre), y que cuando cree haber dado con su sitio, sus allegados y seres queridos lo ven como el lugar más inhóspito, en el cual nadie quiere hacerle compañía, ni física ni comprensivamente. Todo un drama, pero con un continuo deje humorístico, como ya digo, incluso en las escenas más escatológicas (no se asusten), que pese a leve, resta carga trágica y no deja de ser agradable.
* Cada personaje de esta historia representa unas reflexiones que rumiar, y aunque no se profundice en ellos, en las personas, ni en la mayoría de estas ideas, tienen potencial, y podría hacerse un nuevo film de cada una de ellas; solo que esta vez le tocó al violoncelista frustrado.
Tenemos a su mujer, que siempre con una sonrisa en los labios ha accedido continuamente a los caprichos, desorientación y desaciertos de su marido, estando siempre a su lado, hasta que este decide cometer el mayor desacierto de su vida, según la mentalidad de ella, para quien la idea del contacto con la muerte, y no con una muerte abstracta, sino con exangües cadáveres, es ya más de lo que puede soportar. La película lanza algunas especulaciones sobre la muerte, lo exánime, y los oficios funerarios (lo de “oficio” visto como “ceremonia”, y como “profesión”), no para abrirnos un tercer ojo, pero si como para entender mejor a los protagonistas.
La figura del padre extraviado lleva a pensar en como tal abandono lleva a la situación actual de Daigo, a su forma de ser, y a meditar en general sobre el caos emocional de todos los casos similares de abandono. La dueña de los baños, y el hombre mayor, sempiterno cliente, nos hablan de separaciones y expectantes reencuentros. En fin, que la película es todo un cúmulo de ideas más o menos desarrolladas sobre varios temas humanos, psicológicos, trascendentales; de sensaciones, y con un buen número de importantes personajes en los que profundizar.
* Plácida y de visionado sugerente y alentador, donde el dichoso cello parece no tener otra razón de ser que servir de vehículo para las emociones del prota, y regalarnos bellísimos pasajes musicales.