The Hours
Dir. Stephen Daldry
EEUU / Reino Unido
La situación que vivía Virginia Woolf mientras escribía su novela “
* “Las Horas” es sutilmente demoledora. Sus apagadas tonalidades, su cadencia, su hipnótica música, que ahora que caigo me recuerda a la que Philip Glass hizo para “ precisamente, sin que queja alguna salga de sus labios, sabemos que son criaturas extrañas al contexto en que se mueven (o en el que no se mueven, y por ello esencialmente); que algo en su interior, profundo, desgarrador, amenazante, contenido merced a una fuerza sobrehumana, pugna por salir, y que se alía al tono gris y oscuro de todo el film para generar un clima enrarecido y angustioso, y la certidumbre de que sentimientos tan fuertes, tan fuertemente reprimidos, no pueden aflorar por cauces normales.
Las imágenes de las tres protagonistas despertándose a la vez son magníficas: se levantan del lecho de un río donde cada noche duermen para, día tras día, sumirse en la corriente, abocadas a un destino incuestionable, y temiendo que cualquier intento de salirse del curso no haga sino alimentar el dolor sordo que late en ellas, que las cerca, haciéndolas insensibles incluso al amor y afecto indudable de quienes las rodean. En dos de las tres historias las protagonistas parecen haber encontrado cierta tabla de salvación en otras personas. Pero han ido a agarrarse al asidero más resbaladizo, y el miedo a desprenderse de él, pues la pérdida parece evidente, las sume en la desesperación más paralizante, en la que solo se vislumbra una salida.
Volviendo a la metáfora del río, vemos que algunos personajes, aquellos que no parecen encontrar el equilibrio necesario para llegar con buen pie a ninguna parte, como cantos rodados, parecen arrastrar consigo a los demás. Vemos como el dolor del personaje de Laura Brown (Julianne Moore), antes y después de eclosionar, afecta y golpea en cadena a otras personas, desde su hijo, cuyas heridas salpicarán a otras personas a su vez.
* Mi “episodio” favorito es quizá el interpretado por Meryl Streep y Ed Harris, ambos inmensos en este film. Tiene esta historia unos diálogos abrumadores. De la historia de Laura Brown me quedo con el personaje interpretado por Julianne Moore, doliente, aniquilado y brutalmente sometido; Julianne Moore estrangula con cada una de sus abismales miradas. La ceguera y el risueño egoísmo de su marido no tienen desperdicio, intentando hacer a todos partícipes de su “idea de lo que es la felicidad”, o algo así.
Del episodio de Virginia Woolf me quedo con su absorbente y tétrica atmósfera, y con la visión de la protagonista de su propia situación.
* Me parece muy original como se enlazan prácticamente las tres historias. Virginia Woolf conecta con Laura Brown a través de su novela y de la similar situación que viven ambas; aunque no me queda clara la forma en que la novela puede estar influyendo en Laura en su agonía. La novela conecta también a Laura Brown con Clarissa Vaughan, a la que el hijo de Laura llama Señora Dalloway, y cuya historia es “in extremis” la del libro, sobre cuyo hilo argumental pasa con pies alados. Emocionalmente la situación de Laura se perpetúa en su hijo, y tiene puntos en común también con la de Clarissa.
* Aplaudo también el hecho de que al plantear el film no se haya optado por lanzarse a la mera adaptación de alguna de las novelas de Woolf, tortuosa empresa dado el intrincado impresionismo de la literatura de esta mujer. No se que cineasta podría plasmar el monólogo interior y el flujo sensitivo que suponen sus obras. Virginia Woolf es uno de esos autores, como James, Kafka, Lovecraft, cuyas obras siguen resistiéndose a la revisión cinematográfica. “Orlando” de Sally Potter, o “Mrs. Dalloway” de Marleen Gorris, se dejan ver, pero no son más que superficiales imágenes. “Las Horas” supone un digno e inteligente, sobre todo inteligente, acercamiento cinematográfico a algunas de las constantes de la obra de Woolf, en cuanto a personajes, obsesiones, visiones vitales,… Si no se puede abarcar y penetrar la mente de Virginia Woolf en sus libros, si se la puede homenajear en el cine desde la modestia, y encima sacarte de la manga una película, que a mi me deja sin aliento, como pocas en lo que llevamos de milenio. Y otra cosa agradable: contaditas las disgresiones literarias en el film.


